Por qué el mundo debe comprometerse a regular la IA

En su columna de opinión, Martin Wolf plantea la necesidad urgente de un pacto global de desarme e hiperregulación tecnológica entre Estados Unidos y China para mitigar los graves riesgos que entraña la inteligencia artificial (IA). La comparación entre la IA y las armas nucleares no resulta descabellada, ya que esta tecnología presenta un potencial destructivo capaz de provocar colapsos en sistemas fundamentales, desocupación masiva, riesgos existenciales y una profunda desorganización social. Asimismo, surgen complejos vacíos legales y éticos en torno a la responsabilidad penal por las decisiones de la IA, como la creación de armas autónomas o la comisión de crímenes de guerra, puesto que los sistemas inteligentes no constituyen entidades corporativas con estatus de persona ni poseen conciencia. Entre las amenazas más inmediatas expuestas se encuentran la desinformación masiva mediante falsificaciones profundas, el ciberespionaje, la vigilancia automatizada y la alarmante posibilidad de diseñar patógenos letales.

El autor advierte que la carrera desenfrenada entre un reducido número de grandes empresas tecnológicas en Estados Unidos y China está acelerando el desarrollo de la IA sin los controles adecuados. Como advierte Niall Ferguson, cualquier intento de regulación nacional fracasará si no existe un entendimiento mutuo entre ambas potencias; sin un pacto bilateral que controle la competencia feroz al estilo de un tratado de desarme, el panorama global se volverá crecientemente inseguro. No obstante, la creciente preocupación de la ciudadanía ante las perturbaciones económicas y sociales del sector tecnológico representa una oportunidad favorable para que la sociedad presione a los gobiernos a intervenir e imponer regulaciones estrictas, evitando que el rumbo de la tecnología quede concentrado en las manos de unos pocos.

Fuente: Diario Gestión, pág. 22, 16 de junio del 2026.