
La prima por plazo (term premium) es la compensación adicional que exigen los inversionistas por mantener un bono a largo plazo, como el Tesoro a 10 años, en lugar de renovar sucesivamente inversiones a corto plazo. Históricamente, esta prima ha sido difícil de observar directamente, pero se ve influenciada por la posición fiscal de los países. Durante la pandemia, los déficits fiscales aumentaron drásticamente para apoyar a familias y empresas, elevando el endeudamiento global. En EE. UU. antes de la pandemia, los déficits altos no se traducían en tasas de largo plazo altas, la prima por plazo era incluso negativa. Sin embargo, esta relación parece haberse quebrado, y ahora el mercado muestra una mayor sensibilidad al deterioro fiscal.
Se espera que los déficits fiscales en EE. UU. se mantengan por encima del 5.5% en el próximo lustro, lo que seguirá incrementando la deuda. Esto presiona al alza la prima por plazo, lo que "empina" la curva de rendimientos. Hay un circulo vicioso, el deterioro fiscal obliga a refinanciar deuda antigua (emitida a tasas bajas) con tasas nuevas mucho más altas. En 2024, el pago de intereses representó el 3.0% del PIB y se estima que llegará al 3.5% en 2025. Como consecuencia, calificadoras como Moody's, Fitch y S&P han rebajado la perspectiva o la nota crediticia de EE. UU.
Si los bonos del Tesoro de EE. UU, considerados "libres de riesgo", incorporan mayores riesgos fiscales, todos los activos que se valorizan usándolos como referencia podrían verse afectados. Ante este escenario, se sugiere que la diversificación de fuentes de financiamiento es clave y que las emisiones en dólares podrían orientarse hacia plazos más cortos para evitar el alto costo de la prima por plazo.
Autor: Augusto Rodríguez, Fuente: Diario Gestión, pág. 16, 26 de noviembre del 2025.