Alianza de tierras raras entre EE. UU. y Brasil no es panacea

 

La reciente alianza entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el mandatario de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, orientada a cooperar en el sector de las tierras raras para contrarrestar el dominio de China en las cadenas de suministro globales. A pesar de que esta aproximación se ha formalizado con importantes transacciones comerciales, como la adquisición de la productora brasileña Serra Verde por parte de USA Rare Earth Inc. por 2,800 millones de dólares, la iniciativa no es una solución mágica. Históricamente, Brasil ha fracasado en consolidar esta industria debido a trabas burocráticas, volatilidad de precios y falta de capital estable, lo que hace que su producción actual sea insignificante a pesar de poseer las mayores reservas del mundo. El principal freno radica en que obtener permisos de explotación minera puede demorar entre cinco y diez años, una situación agravada por el endurecimiento de la fiscalización ambiental y el rechazo de la opinión pública tras los colapsos mortales de represas de relaves en 2015 y 2019. Además, existe una desconexión crítica entre los objetivos geopolíticos globales de alta tecnología y las comunidades locales, que se resisten a los proyectos al no ver beneficios directos, lo que eleva los conflictos sociales. Finalmente, se resalta que el creciente nacionalismo de materias primas y las intenciones del gobierno de Lula por imponer mayor control estatal e intervencionismo ahuyentan las inversiones antes de que el auge productivo comience. Por ello, para aprovechar la alianza con EE. UU. y competir con China, Brasil debe dejar de lado el intervencionismo por decreto y enfocarse en dar estabilidad regulatoria, mejorar la infraestructura y permitir que el sector privado tome el liderazgo, siguiendo modelos exitosos locales como el del mercado del niobio.

 

 

Autor: Juan Pablo Spinetto. Diario Gestión, pág. 20, 15 de mayo del 2026.