A dos meses de la catástrofe de Ezeiza: cuando prevenir, proteger y asegurar define la supervivencia de las empresas

 

 

La gestión de riesgos ha evolucionado de un enfoque reactivo a uno proactivo. Un Plan de Continuidad del Negocio robusto no solo busca recuperar la operación tras un siniestro, sino anticipar amenazas y evaluar impactos potenciales. Involucrar no sólo infraestructura, sino también personas, procesos y reputación. También en fortalecer la confianza de los stakeholders y permitir decisiones informadas. El fuego se identifica como uno de los riesgos más disruptivos por su capacidad de detener la producción y destruir activos críticos. Es vital contar con sistemas de detección temprana y supresión automática alineados al riesgo real. Las brigadas capacitadas y los planes de emergencia son determinantes para reducir el tiempo de inactividad.

El error más común es asegurar solo los activos físicos (edificios, máquinas) e ignorar el impacto económico de la paralización. Esta cobertura es vital porque cubre la caída de ingresos y los gastos fijos que persisten aunque la empresa esté detenida. Preserva el futuro porque evita el endeudamiento forzado o el cierre definitivo tras un siniestro. La prima suele ser mínima comparada con la magnitud de los ingresos que protege. La verdadera ventaja competitiva en el mercado actual no es evitar los problemas, sino estar preparados para resistirlos. La integración de la prevención, protección física y respaldo financiero asegura la sostenibilidad a largo plazo.

 


Autor: Sebastián Tobio. Fuente: Infobae, 12 de enero del 2026.