Vivir en el desierto: Lima y el agua

 

Respecto a la frágil situación hídrica de la capital peruana, el limeño promedio consume 134 litros de agua al día, cifra que supera el estándar de 100 litros recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hay una profunda desigualdad en este consumo, mientras distritos como San Isidro o La Molina superan los 200 litros diarios per cápita, impulsados en gran medida por el riego de áreas verdes con agua potable, otras zonas como Ventanilla o Mi Perú apenas alcanzan el umbral sugerido. Asimismo, casi el 60% del agua de los hogares se utiliza en el baño y menos del 10% se destina al consumo humano directo. Por el lado del suministro estatal, existen marcadas deficiencias del servicio, señalando que en varios distritos la continuidad no llega a las 18 horas diarias y las interrupciones son frecuentes. Frente a este panorama, se plantean diversas soluciones, sugiriendo para los usuarios la búsqueda de una mayor educación sobre su propio consumo mediante herramientas visuales similares a las etiquetas de eficiencia energética, y el uso de tecnología para alertar sobre fugas. Por parte del Estado, se exige una mejor articulación y planificación urbana, así como priorizar el mantenimiento, la rehabilitación de redes y el tratamiento del agua por encima de la simple creación de nuevas obras. Algo positivo es que el consumo promedio por habitante ha ido disminuyendo desde el año 2019. Este tema es de mayor urgencia, dado que el cambio climático y el estrés hídrico ponen en grave riesgo el futuro, la salud y la economía de la población.

 

 

Autora: Paola del Carpio Ponce. Diario Gestión, pág. 10, 19 de febrero del 2026.