
Para alcanzar la ambiciosa meta de duplicar la producción de cobre en la próxima década, el Perú necesita garantizar de manera urgente el acceso a una energía barata, continua y confiable. El autor explica que el suministro energético representa hasta el 40% de los costos operativos de una mina, un desafío que se agrava a medida que los yacimientos se vuelven más profundos y la ley del mineral disminuye, lo que exige mucha más energía por unidad producida. Si bien el país cuenta con una ventaja competitiva gracias a su matriz que combina fuentes hidroeléctricas, energías renovables en expansión y el gas de Camisea, esta posición se ve amenazada por la falta de una infraestructura resiliente, la ausencia de predictibilidad regulatoria y la necesidad de reforzar la red de transmisión. Para resolver esto, el texto enfatiza que el gas natural no compite con las energías renovables no convencionales, sino que las habilita al proporcionar un respaldo firme, flexible y de costo predecible frente a su intermitencia, además de aportar claros beneficios ambientales en la reducción de emisiones. En este contexto, se propone un plan de acción para el próximo gobierno que incluye garantizar la disponibilidad y redundancia de este hidrocarburo, reactivar la inversión en exploración para poner en valor lotes subexplotados, reforzar las líneas de transmisión para no desperdiciar energía limpia y llevar el gas al sur minero. En definitiva, el Perú no tiene que elegir entre ser competitivo o ambientalmente sostenible, siempre que implemente una política nacional equilibrada e invierta en la infraestructura necesaria.
Autor: Luis Miguel Castilla. Fuente: Diario Gestión, pág. 12, 25 de junio del 2026.