
El cambio climático ha dejado de ser un problema lejano para convertirse en un riesgo financiero tangible y cuantificable que ya está presionando a economías enteras. A pesar de la abrumadora evidencia de eventos extremos, como las multimillonarias pérdidas globales por desastres naturales o la inminente amenaza de un fuerte fenómeno de El Niño en Perú hacia 2026-2027 que impactará la pesca y la agricultura, el debate público a menudo relativiza el problema por influencia de agendas políticas, especialmente en mercados referentes como Estados Unidos. Esta negación o pérdida de visibilidad no hace que el riesgo desaparezca, sino que provoca que los mercados reaccionen a estas narrativas y mantengan los verdaderos impactos climáticos peligrosamente subvaluados en los precios de los activos. Frente a esta desconexión, el autor enfatiza que la sostenibilidad no debe entenderse como una postura ideológica, sino como una herramienta práctica y fundamental para la gestión de riesgos corporativos y crediticios. Incorporar criterios ambientales permite anticipar impactos reales sobre flujos, costos y valoraciones; por el contrario, ignorarlos solo posterga su materialización a un costo mucho mayor para las empresas. La pregunta crítica para inversionistas y ejecutivos no es debatir la existencia del cambio climático, sino evaluar cuánto de este riesgo ya han incorporado en sus decisiones, pues si no lo asimilan de forma proactiva, el mercado eventualmente forzará un ajuste de manera abrupta.
Autor: Fernando Manrique. Fuente: Diario Gestión, pág. 22, 30 de junio del 2026.