¿Y para qué tributar (más) en el Perú?

 

El autor plantea que el pago de impuestos es un acto de confianza donde el ciudadano entrega parte de sus ingresos a cambio de servicios de calidad (seguridad, justicia, salud). En el Perú, este contrato está erosionado porque el Estado no devuelve valor a cambio de lo recaudado. Aunque organismos internacionales señalan que el Perú tiene una presión tributaria baja (menos del 15% del PBI), se sostiene que el foco debe estar en la gestión. Se invierte cerca del 5% del PBI (una de las cifras más altas de la región), pero casi la mitad de los proyectos de inversión iniciados desde 2012 están paralizados o abandonados.

Más del 40% del gasto no financiero se destina a planillas y pensiones. Entre 2015 y 2024, la masa salarial del sector público creció más del 40% sin que esto se traduzca en meritocracia o mejor atención al ciudadano. Además, se estima que la corrupción cuesta anualmente cerca de 3 puntos del PBI. A pesar de mayores presupuestos, la ciudadanía percibe servicios precarios en educación y salud, y un avance alarmante de la criminalidad, lo que genera la pregunta: "¿Para qué contribuir más si los problemas esenciales no se resuelven?".

Se advierte que, de seguir con este populismo y gasto ineficiente, la deuda pública podría pasar del 34% actual al 70% del PBI en una década. La solución no es subir las tasas impositivas, sino ampliar la base tributaria (reducir la informalidad), combatir la corrupción y mejorar radicalmente la eficiencia del gasto público. Sin crecimiento económico y resultados tangibles, ningún sistema tributario es sostenible en el tiempo.


Autor: David Tuesta. Fuente: Diario Gestión, pág. 18, 24 de diciembre del 2025.