Wall Street ve sol donde nosotros vemos nubarrones

Existe un fuerte contraste entre la percepción de crisis total que se vive internamente en el Perú y el gran optimismo con el que Wall Street observa la economía del país. Mientras los ciudadanos peruanos sienten que enfrentan una "tormenta perfecta" marcada por los estragos del fenómeno de El Niño, la escasez, el alza de precios y una desbordante inseguridad, entidades financieras internacionales como el Bank of America (BofA) proyectan un impresionante crecimiento económico, estimando cifras de hasta 4.5% para el año 2027. Esta visión externa tan positiva se fundamenta en la innegable fortaleza macroeconómica del Perú, que se ha consolidado como una potencia exportadora mundial gracias a sus envíos de metales (como el cobre y el oro) y de productos agroindustriales (como los arándanos y las uvas), sumado a la tranquilidad que genera en los inversionistas el hecho de que los principales candidatos políticos no representan una amenaza para el modelo económico actual.
Sin embargo, esta bonanza en las cifras es solo una cara de la moneda, existe una profunda desconexión entre el éxito macroeconómico que celebran los analistas en el extranjero y la dura realidad social de millones de peruanos para quienes el crecimiento del PBI resulta irrelevante frente a la deficiencia de los servicios básicos. La riqueza generada por las exportaciones choca contra un Estado incapaz de garantizar seguridad, salud y educación de calidad. La macroeconomía no debe ser un fin en sí mismo; los recursos obtenidos por el país deben aprovecharse como una oportunidad para salir del subdesarrollo a través de una mejor gestión pública. Si los excelentes números económicos no se traducen en un bienestar tangible para la población, el optimismo de los bancos seguirá siendo solo un titular de prensa mientras el ciudadano de a pie continúa lidiando solo contra la tormenta del día a día.
Autor: Omar Mariluz. Fuente: Diario Gestión, pág. 4, 09 de marzo del 2026.