Por qué la historia económica del Perú importa hoy

La historia económica peruana demuestra que una economía abierta está directamente ligada al incremento del bienestar social, advirtiendo que las recetas populistas y los cambios radicales del pasado solo han conducido a crisis severas. Históricamente, cada vez que el Estado expandió su presencia directa a través de empresas públicas, controles de cambio o congelamiento de precios, se generó una volatilidad destructiva: un impulso inicial efímero seguido de un colapso abrupto que terminó afectando con mayor dureza a las poblaciones más vulnerables. Por ello, el texto resalta que el escenario ideal exige una baja volatilidad respaldada por políticas macroeconómicas sólidas e instituciones técnicas independientes como el Banco Central de Reserva y el Ministerio de Economía y Finanzas. Para ilustrar el costo del populismo, el autor recuerda el colapso de finales de la década de 1980 e inicios de 1991, cuando la pobreza monetaria escaló al 57%, la recaudación fiscal cayó por debajo del 9% del PBI y la inflación anual en 1990 llegó al 7,650%, provocando lo que los economistas denominan "décadas perdidas", ya que el PBI per cápita de 1975 tardó más de 30 años en recuperarse.
No obstante, gracias a las reformas de los años 90 que limitaron la intervención estatal y devolvieron el protagonismo al mercado, la economía logró sanar. Como resultado visible en las últimas décadas, el PBI per cápita creció notablemente y el peruano promedio percibe hoy más del doble del ingreso real que tenía hace 25 años. Finalmente, el artículo aclara que el problema actual no radica en el modelo macroeconómico, sino en el ámbito microeconómico y de gestión. El verdadero cuello de botella es la ineficiencia del Estado para redistribuir y hacer que los recursos generados por la economía lleguen de manera efectiva a la población. La publicación concluye con un llamado a que el Estado sea más eficiente, ataque frontalmente la corrupción y aumente la recaudación persiguiendo la evasión fiscal en lugar de castigar a los creadores de riqueza, dejando dos lecciones claras: el populismo siempre pasa factura y las instituciones sólidas son la diferencia fundamental entre una década perdida y una de progreso.
Autor: Carlos Casas. Fuente: Diario Gestión, pág. 16, 19 de mayo del 2026.