El Mundial más caro de la historia

Hay un profundo contraste entre los costos, la organización y la atmósfera del primer Mundial de fútbol en Uruguay 1930 y la actual edición de 2026 celebrada en Canadá, Estados Unidos y México. El autor relata cómo en 1930 la entrada más exclusiva costaba apenas dos dólares, en una época marcada por odiseas futboleras donde miles de hinchas argentinos cruzaban el Río de la Plata en embarcaciones hacinadas para presenciar el torneo. En aquel entonces, el fútbol conservaba un espíritu popular, con estadios construidos por obreros inmigrantes y exigencias estatales para garantizar entradas baratas para las clases menos pudientes.
En aguda contraposición, casi un siglo después, el torneo de 2026 impone boletos que rondan los 10.000 dólares para la final, impulsados por una política de "precios dinámicos" regida enteramente por el mercado. Esta extrema mercantilización genera diversas tensiones y controversias en la actualidad; por un lado, trabajadores e inmigrantes de estadios como el SoFi Stadium realizan huelgas reclamando mejoras salariales, y por el otro, la escalada de precios es tan desmedida que incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que se negaría a pagar los más de mil dólares que cuesta el boleto para ver el debut de su selección. Finalmente, frente a un escenario donde el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, bromea sobre las desorbitantes sumas de dinero involucradas, el texto concluye con una dura crítica filosófica: la FIFA parece haber abandonado definitivamente la tradicional fiesta popular, democrática y comunitaria del fútbol para convertir este deporte en una mercancía absoluta regida por el vacío ético de la sociedad de mercado.
Fuente: Diario El Comercio, pág. 41, 31 de mayo del 2026.