La IA puede hacer más, nosotros tenemos que aprender a hacer mejor

Claudia Alfaro sostiene que el verdadero impacto de la inteligencia artificial (IA) en las empresas no radica únicamente en el ahorro de tiempo, sino en el desarrollo de capacidades humanas que se vuelven más valiosas a medida que avanza la tecnología. Aunque la medición habitual de adopción digital se enfoca en la reducción de horas para realizar tareas automatizadas, como la elaboración de reportes, el proceso de aprender a interactuar con la IA transforma la manera en que los colaboradores entienden su trabajo. Al estructurar flujos de trabajo con herramientas digitales, las personas aprenden a cuestionar sus propios procesos, a diferenciar las tareas repetitivas de aquellas que requieren criterio humano y a experimentar constantemente para resolver problemas.

A medida que las habilidades técnicas y la automatización de patrones se vuelven más accesibles, el diferencial competitivo migra hacia competencias analíticas superiores: comprender el contexto, formular las preguntas adecuadas, conectar aprendizajes de diversas áreas y tomar decisiones con criterio. Por ejemplo, aunque una herramienta de IA pueda redactar un informe en segundos, la ventaja estratégica sigue perteneciendo al profesional capaz de identificar qué datos son relevantes, detectar inconsistencias en la información y determinar las acciones que debe tomar la organización.

Este fenómeno fomenta el desarrollo de "habilidades compuestas" (compound skills), donde cada capacidad aprendida se combina con otras para potenciar el valor global del trabajador. Por ello, la integración de la IA en las organizaciones debe concebirse como una estrategia de desarrollo de talento y no solo como una medida de productividad. Los líderes empresariales deben trascender la métrica del tiempo ahorrado para evaluar qué nuevas competencias están adquiriendo sus equipos y qué problemas inéditos están logrando solucionar. En última instancia, el tiempo liberado constituye un beneficio inmediato, pero la capacidad de pensamiento crítico acumulada por las personas representa el activo más valioso y duradero para las empresas.


Autor: Claudia Alfaro. Fuente: Diario Gestión, pág. 14, 18 de agosto del 2026.